miércoles, 20 de marzo de 2013


UNIDAD 1
Sitio personal de George Lakoff

          Nos movemos en el mundo de las ideas mediante la lógica de los denominados marcos conceptuales. Reconocer y aceptar que estamos regidos bajo el imperio de la imagen y la comunicación no verbal, o al menos no manejada por la palabra puede llevarnos al error de suponer que los procesos comunicacionales, que son ante todo emocionales, se encuentran ausentes de la articulación discursiva.

          Si bien una pequeña parte de nuestro proceso de comunicación en general y político en particular se efectiviza en palabras -se estima que no es más del siete por ciento del total de mensajes percibidos los que corresponden a la palabras-, la articulación dialógica en el relato se produce cuando convertimos en palabras nuestras sensaciones.

          El supuesto básico del que parten los lingüistas Lakoff y Johnson[1] es la existencia en nuestras mentes de un sistema conceptual que incide definitivamente en nuestro pensamiento y nuestros actos, y constituye la base que permite dotar de coherencia estructural al lenguaje y a nuestras vidas. Un conjunto significativamente extenso de estos conceptos es de carácter metafórico. La primera consecuencia teórica del sistema conceptual, los marcos o frames, es que la metáfora deja de ser un artificio retórico y poético para convertirse en una estructura determinante en la toma de nuestras decisiones.

          En este sentido, los esfuerzos que han declarado algunos filósofos por apartarse del poder “corruptor de la metáfora resultan vanos: la metáfora no es un accidente del lenguaje”[2], sino un concepto poderoso que sustenta la emergencia del lenguaje y la expresividad.

          George Lakoff en su libro "No pienses en un elefante"[3] (que es el signo de los republicanos, y con ello propone que los demócratas no se sometan a ellos) sugiere que los marcos conceptuales influyen en nuestras percepciones, ayudan a determinar las decisiones que tomamos y pueden ser modificadas discursivamente. El enmarcado del lenguaje en una estructura narrativa genera una ayuda determinante para activar estructuras mentales inconscientes que motivan los comportamientos. Ello ocurre sin prestar atención a la racionalidad de los intereses que se traen como bagaje cultural y social, o a los datos de la realidad. 

          La ciencia cognitiva ha concluido que pensamos en los términos de esos marcos mentales y metáforas antes de permitirnos iniciar un razonamiento analítico de la información recibida. Estas frames tienen existencia física en las sinapsis de nuestro cerebro y son configuradas materialmente en los circuitos neuronales Cuando se produce el estímulo correcto hacen que se queden fijadas en los marcos ignorando los hechos objetivos de la realidad. Las conocemos por los resultados y consecuencias de las decisiones tomadas y por el lenguaje.

          El ejemplo lo pone el sociólogo Manuel Castells: “Si se ha activado un marco que define al Presidente como protector contra todos los peligros del mundo, cualquier información que contradiga ese marco (como la falta de conexión entre Al Qaeda y Sadam Hussein en 2003, o la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak) tiene mucha dificultad para penetrar nuestra decisión consciente. Naturalmente, si ese marco no es operativo o si otro tipo de marco es el activado, entonces ocurre lo contrario, los datos se convierten en argumentos en contra de la política del miedo”.

          Pero el propio Lakoff le quita dramatismo a su teoría al negar que la estrategia de los marcos conceptuales sea una especie de manipulación lingüística. Según sus investigaciones lo importante son las ideas y la relación de las ideas que se proponen con los valores asentados en la identidad de las personas. Se trataría de activar esos valores latentes. Aunque estos mecanismos son aceptados en el campo publicitario comercial en su lucha por imponer mercaderías y marcas; y en la comunicación y relaciones públicas en vistas de construir reputación o bancos de confianza, aun es resistida en ámbitos intelectuales en los que  la pelea sería por imponer metáforas en los cerebros de las personas, apoyados por sus creencias estructurales y sus propios sistemas de valores.

          Los marcos conceptuales afectan nuestra manera de percibir la la realidad. Esas estructuras mentales determinan nuestra forma de entender el mundo, de la planificación que hagamos de nuestras vidas, y como consideremos y evaluemos las consecuencias de nuestras decisiones. La buena noticia es que pueden ser modificadas mediante el discurso.

          A su vez, en la medida que la nueva información recibida no se acomode a los marcos que tenemos en nuestras cabezas, los datos no ingresan al sistema, los ignoramos y por lo tanto, no pasan a conformar parte de nuestra realidad personal. Esto se realiza, principalmente, mediante la función de la disonancia cognitiva.

          La narración y la metáfora accionan sobre los marcos porque la construcción de los pensamientos se hace en palabras. Es la lengua, como la que conforma nuestro sistema de pensamiento. Pensamos en función de la lengua. Por cuanto la activación de los marcos conceptuales se realiza a partir del disparador que genere la aplicación correcta de determinadas palabras en función de una historia bien contada.

          En ese sentido, la ideología personal se encuentra enmarcada conceptualmente y cambia y se acomoda en la medida que el marco mental -la identidad y los valores que lo sostienen-, cambien. El relato y el discurso para ser efectivo, debe adecuarse a los marcos conceptuales de los segmentos de la opinión pública (públicos objetivo, informantes clave o la forma en que segmentemos nuestras audiencias), activando aquellas frames que se ajustan a los ideales que se intentan estimulan. Las palabras en política tienen sentido sólo si se significan, es decir, si significan algo en el marco de lo que se siente y piensa ya que esto ocurre en un plano de inconsciencia cognitiva.

          “El relato, la narración, es la llave de todo"[4]. Es decir, "quién cuente la mejor historia, gana". El esquema incluye un buen análisis de la realidad y un buen relato en el marco de una buena imagen: Frente a la complejidad de intereses y factores que presionan sobre la manera de observar la realidad, de sus causas y consecuencias, un discurso apropiado es capaz de generar una ilusión colectiva, o al menos un compromiso colectivo que pueda ofrecer confianza en el electorado.

Lic. Guillermo Bertoldi



[1] George Lakoff y Mark Johnson "Metáforas de la vida cotidiana". 1980
[2] Jorge Osorio. Universidad de Concepción, Chile. 2007
[3] George Lakoff. “Don´ think of an elephant”. 2004.
[4] Stanley Greenberg es asesor estratégico de campañas y analista de opinión pública. 


Del libro "No pienses en un elefante" se recomienda la lectura del prólogo de George Lakoff y el punto 1 del capítulo 1, "Enmarcar para recuperar el discurso público".




Este documento en formato pdf puede descargarse desde http://www.slideshare.net/guillermobertoldi

Posted by Guillermo Bertoldi On 5:36 No comments

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

  • Blog Licenciatura
  • Universidad del Este
  • SlideShare
  • Facebook
  • Twitter
  • Linkedin
  • Youtube