jueves, 14 de agosto de 2014

Los estrategos comunicacionales del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas) y el PO (Partido Obrero), además ofrecen siempre una noticia urgente e impactante: cortes de la ruta Panamericana en la hora pico. Pero, además, para coronar el show televisivo, los activistas generan intervenciones represivas de las fuerzas de seguridad. Ofrecen golpes, sangre y corridas. Los empresarios, solo ofrecen silencio.
por DIEGO DILLENBERGER



Revista Imagen. “En más de un mes de crisis de Lear, ningún periodista llamó a la empresa”: la constatación deja con la boca abierta a cualquier entendido en comunicación empresaria. Pertenece a Aldo Leporati, director de la consultora Porter Novelli, y uno de los número uno del mercado argentino en la gestión de comunicación en situaciones de crisis, y tiene en sus manos, entre otras, la de la autopartista estadounidense Lear en Argentina.

¿Los periodistas ya ni llaman? Eso pinta no solo un periodismo perezoso, sino más bien un empresariado que renunció hace mucho tiempo a ser su propio vocero y participar en el debate sobre si la política acelera o frena su marcha hacia la venezolanización definitiva de la Argentina.

Leporati tiene a cargo la crisis de la autopartista norteamericana, en el foco de los medios desde que suspendió a cientos de obreros, y el conflicto laboral se trasladó al escenario favorito de los activistas de izquierda: la autopista Panamericana, cuyos piquetes generan terribles trastornos a los argentinos y a la vez amplia cobertura mediática.

Según Leporati, que en ocasiones envió comunicados de prensa para Lear a los medios, los periodistas ya ni llaman. Se conforman con los eficientes comunicadores de las comisiones internas, que pertenecen a partidos de extrema izquierda y que siempre están lanzando comunicados y poniendo hábiles voceros a disposición del periodismo. Los estrategos comunicacionales del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas) y el PO (Partido Obrero), además ofrecen siempre una noticia urgente e impactante: cortes de la ruta Panamericana en la hora pico.

Pero, además, para coronar el show televisivo, los activistas generan intervenciones represivas de las fuerzas de seguridad. Ofrecen golpes, sangre y corridas. Los empresarios, solo ofrecen silencio.

El importante corredor industrial que orilla la Panamericana, en el norte del Gran Buenos Aires, fue copado por las comisiones internas colonizadas por los partidos de izquierda que desplazaron a los sindicatos tradicionales –peronistas- que son más conservadores y dispuestos a dialogar y no tienen como meta la aniquilación total de la economía de mercado. Empezó hace casi una década con las protestas en la ex Kraft Foods, hoy Mondelez. La marcha se extiende ahora sobre el autopartismo, en crisis por el derrumbe de las ventas de autos, pero también por el propio accionar de las comisiones internas.

El primer caso fue la española Gestamp, crisis que tomó la agencia Nueva Comunicación (César Mansilla).

¿Los periodistas no llaman porque no les interesa escuchar a la otra campana en un conflicto tan grave y de consecuencias no solo para los involucrados, sino para toda la economía de Argentina?

La respuesta es otra y bastante lamentable: es cierto que en muchos medios los periodistas se acostumbraron a trabajar bajo la proverbial “ley del menor esfuerzo”. Pero no es menos cierto que directamente abandonaron el intento de buscar voceros empresarios no solo en conflictos sindicales graves, sino en la cobertura del permanente acoso al que somete a las empresas el gobierno populista de Cristina Fernández de Kirchner.

La Casa Rosada los acusa abiertamente de ser los culpables de la inflación y la recesión en Argentina que ya llevan 3 años y que solo apunta a agravarse día a día.

Y, salvo excepciones, no hablan. “Muchas veces, los empresarios tienen miedo a que al hablar se enojen con ellos en el gobierno y se agrave la relación, ya tensa de por sí”, explica Leporati.

Los empresarios, en lugar de sentirse preocupados por no intervenir en el debate, se sienten, en general, aliviados de que los periodistas se acostumbraran a que no hablan. Para más de un periodista es una pérdida de tiempo buscar declaraciones del CEO de una empresa en conflicto sindical.

Hoy en Argentina no se discute un aumento de sueldo o un impuesto más: el debate apunta a la chavización final del “modelo económico” kirchnerista en el que la empresa privada ya no tiene más lugar.




Una excepción es el Foro de Convergencia Empresarial, una interesante iniciativa presidida por el presidente de IDEA, Miguel Blanco. El también CEO de la empresa de medicina prepaga Swiss Medical admitió en el programa de TV La Hora de Maquiavelo (canal Metro), que el silencio de los empresarios a esta altura es un grave error.

También Lear estaría por romper esa Espiral del Silencio (tal el nombre de la teoría de la socióloga alemana Elisabeth Noelle Neumann para esa típica actitud cobarde del centro-derecha) con una campaña informativa para explicar el fondo del conflicto: está produciendo cada vez menos en Argentina, no solo por la grave crisis que afecta al sector autopartista local, sino que está perdiendo cada vez más productividad por culpa del constante boicot de los partidos de izquierda a sus plantas de producción.

Similar habría sido el motivo del increíble cierre de la planta impresora argentina de RR Donnelley, una de las mayores multinacionales del sector.

El pésimo manejo de la comunicación en el intempestivo cierre de operaciones no solo afecta a Donnelley misma en todo el mundo (dejó trabajos gráficos para grandes editoriales sin terminar) sino que es un golpe al empresariado local: pone en el foco de los medios a una multinacional que escapa del país sin dar las más mínimas explicaciones ante las dificultades locales. Donnelley sorprendió a los propios operarios, clientes y los medios cuando el lunes 11/08 a la mañana su portón estaba cerrado con un frío cartel informando que la empresa se declaraba en quiebra y cerraba definitivamente.

Los empresarios deberían ser conscientes de que si ellos no comunican a favor de la economía de mercado, nadie lo va a hacer por ellos, y menos en un país en el que el populismo penetró toda la política.

Para la Argentina es una pésima noticia que en el mundo, además de conocerse que está una vez más en default, las multinacionales huyan en del país abandonando plantas, máquinas e inversiones con tal de alejarse de ese pandemonio antiempresario.

*originalmente publicada en Revista Imagen
Posted by Guillermo Bertoldi On 7:28 No comments

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